domingo, 21 de julio de 2019

Educación emocional... ¿arista para pensar los desafíos pedagógicos actuales?

En esta entrevista se encuentran las primeras aristas o conceptos ara comenzar a conocer de qué se trata la educación emociona, y qué se propone en Argentina.



Sanjuanino, licenciado en psicología, director de uno de los emprendimiento más ambiciosos en el tema, Lucas Malaisi se entusiasma cuando explica que es imprescindible que la educación emocional sea una "materia" más en los colegios argentinos.
"Es crear un espacio en las escuelas para que los chicos desarrollen la inteligencia emocional y de esa manera adelantarnos a los problemas, no esperar a que un chico intente suicidarse, tenga una depresión, o consuma drogas o caiga en la delincuencia para recién intervenir", le dice a Infobae.
La experiencia ya se ha concretado en Misiones y Corrientes. Malaisi pide que el Congreso nacional lo tome como iniciativa.  "La inteligencia emocional está compuesta por cinco macro habilidades:  la primera es el auto conocimiento, "saber qué es lo que siento". Segunda está la auto regulación: "La capacidad de sosegarte cuando estás enojado. Otra habilidad es la auto motivación. Luego la empatía, "que es saber qué sienten los demás". Y finalmente las habilidades sociales, resume.
Aquí, la charla completa:

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— ¿Qué es la inteligencia emocional, qué es la educación emocional?
— La inteligencia emocional es justamente lo que desarrollamos a través de la educación emocional. La inteligencia emocional es responsable del 80% del éxito que tenemos en la vida y, gracias a Dios, la inteligencia emocional es en un 99% aprendida. Entonces lo que buscamos es desarrollarlo a través de las escuelas. En definitiva, es crear un espacio para que los chicos desarrollen la inteligencia emocional y de esa manera adelantarnos a los problemas: no esperar a que un chico intente suicidarse, tenga una depresión, o consuma drogas o caiga en la delincuencia para recién intervenir. Lo que buscamos es desarrollar habilidades emocionales temprano en la vida porque sabemos que en algún momento las va a necesitar. Lo que se está desarrollando en las empresas hoy lo queremos hacer en las escuelas. 
— Para los que somos ignorantes totales, trata de ayudarme a entender qué es la inteligencia emocional, de qué categoría estamos hablando.
— Estamos hablando de cinco macro habilidades: la primera es el auto conocimiento, saber qué es lo que siento: esto que parece simple no lo es, porque muchas personas confunden el hambre con la tristeza, el enojo con el miedo. Primero la auto conciencia emocional, saber qué es lo que siento. 
Segunda viene la auto regulación. Cuando estás enojado, la capacidad de sosegarte, calmarte, transitar una emoción discplacentera sea la tristeza o la que sea. Poder gestionarla y expresarla asertivamente. Es decir, cuidando al otro cuidándote a vos mismo. 
La otra habilidad es la auto motivación que es conocer lo que te apasiona, lo que implica tener recursos para motivarte constantemente. Luego tenés la empatía, que es saber qué sienten los demásY finalmente las habilidades sociales, que hoy se las consideran una inteligencia en sí misma. Pero las habilidades sociales tienen que ver con la capacidad de darme a entender claramente, de resolver conflictos, de llegar al otro y seducirlo, ayudarlo, eso tiene que ver con las habilidades emocionales. 
Estas cinco habilidades dan por resultado el coeficiente emocional. Que si bien éste no se puede medir sí se puede desarrollar gracias al trabajo que hacemos con la educación emocional.
— Digamos, ¿se puede pensar como una parte de la currícula educativa esto? 
— Justamente la estrategia tiene dos formas de implementarlo en las escuelas. Una es verticalmente, creando un espacio curricular. Así como tenés la hora de matemática, lengua y ahora se creó la hora de robótica o de computación, crear la hora de educación emocional. Sin embargo lo más importante es hacerlo en forma transversal, porque las emociones están presentes en todas las asignaturas, en matemática, en lengua, en historia, en educación física. Entonces la idea es entrenar a los docentes que ya existen con habilidades básicas sobre educación emocional así pueden acompañar a los chicos en distintas situaciones. Por ejemplo cuando se ponen nerviosos antes de una prueba, o están tristes porque falleció un familiar o tienen un problema X, que hoy abundan. Es entrenar a los docentes que ya existen para que los puedan acompañar en esos aspectos.
— La idea tuya es militar por una ley, que esto sea obligatorio por ley.
— Exactamente. De hecho ya es ley en dos provincias, en el 2016 se aprobó en Corrientes y en el 2018 en Misiones. Lo que buscamos es que esto sea una ley en todo el territorio argentino..  El proyecto "Cicatrizando Argentina" busca que lleguemos con esta estrategia a todas las escuelas, porque lo que pasa hoy es que los colegios privados, que son los que tienen recursos y autonomía, capacitan a sus docentes en educación emocional porque saben que esto es muy necesario. Pero el problema es que quedan al margen de esta estrategia las escuelas que están en zonas vulnerables que son las que más lo necesitan. Chicos que hoy en este momento están siendo víctimas de violencia, de abuso, de abandono intrafamiliar, de un montón de problemáticas. Y lo peor de todo es que están aprendiendo ese modelo y lo van a tender a replicar si no creamos en las escuelas un espacio donde ellos puedan expresar lo que sienten cuando están tristes, cuando están enojados, cómo expresar asertivamente esas emociones.  
— Y cómo es, digamos, sé que debe ser amplísimo, pero vos hablabas de estos cinco aspectos de la inteligencia emocional, digamos, cómo se desarrolla la empatía o el auto conocimiento. Con qué tipo de destreza, meditación, no sé, qué es.
— También la meditación es muy buena. Hoy la ciencia viene a dar cuenta que es fantástica. Pero, por ejemplo, para desarrollar la empatía a nivel inicial, jardín, la docente lo tiene que adaptar a los chicos, que sea bien simple. Entonces puedo contar un cuento y preguntarles 'bueno, qué siente éste personaje, o le muestro una imagen o un dibujo que tiene que colorear, ponele que sea la carita de alguien que está llorando por triste ¿no? Entonces bueno, ¿qué es la tristeza?'. ¿Cuándo sentiste tristeza? ¿Qué puede generar la tristeza en vos? Cómo podemos ayudar a alguien que siente tristeza. Esto multiplicado por todos los días, porque la clave es la cotidianeidad. Los chicos se van a apropiar de estas habilidades y cuando llegue la adolescencia y la vida los ponga a prueba van a tener recursos, van a decir 'bueno, estoy triste, no caigo en las drogas, elijo ayudar a alguien o necesito un abrazo, mamá, papá, un amigo'. Pueden expresar asertivamente lo que sienten y evitaríamos un montón de conflictos a futuro. 
— ¿Cuánto de oneroso, cuánto de costoso de manera presupuestaria es asumirlo?
— Maravillosa pregunta. Nada Luis, no tiene costo. Capacitar a toda una población cuesta menos que cinco kilómetros de pavimentado de ruta. Hace cinco años Naciones Unidas me contrató para dar una charla en México. Di la charla a treinta personas en el edificio de Naciones Unidas, pero esto se reprodujo a cuatro mil escuelas estatales secundarias. O sea, fue como una especie de cadena nacional con cero el costo donde capacitamos en un programa famoso que se llama Constrúyete. 
Quiero decirte que lo único que hace falta es la decisión política de empezar a avanzar sobre estas tecnologías que ya existen, que hay un consenso a nivel científico, hay una postura unánime al respecto de que esto da resultados. Lo que queremos es llegar a todas las escuelas.
— ¿Hay algo que no te pregunté que te gustaría decir?
— Necesitamos ayuda para que la gente, los tomadores de decisiones, tomen conciencia de avanzar en esta propuesta. Tiene un fortísimo fundamento científico, esto no es religión, no tiene que ver con ninguna tendencia de ningún tipo. Es sencillamente desarrollar habilidades emocionales. Lo que se dieron cuenta las grandes empresas es que tienen que tener a sus CEO y a sus colaboradores empresariales desarrollándolo desde chicos para evitar problemas a futuro. También  me parecen muy importantes este tipo de estrategias donde empoderamos al ciudadano. Atentan contra el mercado de la enfermedad que busca mantener cautivas a las personas a partir de que consuman medicamentos, atenta contra el asistencialismo porque una persona que se empodera, que dice bueno, yo me comprometo con un proyecto de vida, soy capaz, lo voy a intentar, y actúa en acción masiva en post de un objetivo y es una persona que sale por sí misma, que avanza ¿no? Es una persona que no es alguien fácil de quien genera dependencia. Y también atenta contra el consumismo. Hoy el eslogan o la frase principal es vos tenés que tener para ser feliz. Y que vengamos a entrenar a los chicos diciéndoles vos tenés todo para ser feliz, solo tenés que aprender una filosofía de vida, apreciarte vos mismo para ser feliz, atenta contra esos grandes intereses que son los que en definitiva hacen la zancadilla para poder avanzar en esta propuesta.


martes, 2 de julio de 2019

La educación de hoy para ¿mañana? ¿Qué mañana?

Cada vez que un docente entra un aula, sabe que su trabajo es el de tensionar la historia: enseña lo que en el pasado se decidió necesario enseñar para un futuro que vendrá. Dentro de lo que es la escolaridad y sus desafíos, esta premisa siempre estuvo consciente o ritualizada en las acciones de maestras y maestros. Ahora bien, en la urgencia de no saber cómo será nuestro futuro, en la revisión de muchos pasados, la pregunta es: ¿Cómo preparamos a los jóvenes para un futuro que no sabemos cómo será?. 


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En la redacción de Infobae, Magdalena Fernández Lemos nos invita a pensar:
El ser humano inventó muchas cosas, desde la rueda hasta el avión, desde la escritura hasta el papel, desde la brújula hasta los mapas. Lo que no inventamos todavía fueron máquinas del tiempo ni esferas de cristal que anuncian el futuro. Podemos imaginarnos qué nos espera, pero no tenemos forma de saberlo. El futuro es incierto.
No sabemos cómo se va a vivir en la tierra en cincuenta años: ¿Habrá autos voladores? ¿Tendremos una dieta basada en píldoras? ¿Seguiremos utilizando dinero? Sin ir tan lejos, tampoco sabemos cómo va a ser nuestra vida en diez años. La incertidumbre sobre lo que va a pasar tiene un contrapeso con mucho consenso: sea lo que sea, será diferente. En este escenario, ¿cuál es, entonces, el rol de la educación? ¿Cómo preparamos a los jóvenes para un futuro que sabemos que va a ser otro pero no sabemos cuál será?
Históricamente, el mandato que recae sobre la escuela es la formación de los ciudadanos que el país requiere, de acuerdo con los valores nacionales, las políticas de Estado y las aspiraciones sociales. Sin embargo, esta función se complejiza en escenarios de presentes cambiantes, signados por el avance vertiginoso de la tecnología, los profundos cambios sociales y las economías inestables. Es en este marco en donde la educación adquiere una nueva dimensión que es la de formar personas con las habilidades necesarias para atravesar dichos escenarios, adaptarse continuamente y construir un futuro ecológico y sostenible.
Esta realidad nos exige, a quienes pensamos y actuamos en educación, hacernos nuevas preguntas, cuyas respuestas se traduzcan en acciones concretas y superadoras al modelo actual: ¿Qué de la escuela que conocemos debemos mantener? ¿Qué nuevas formas de enseñanza podemos explorar? ¿Qué necesitan desarrollar y potenciar los estudiantes? ¿Qué propuesta ofrece la escuela para formar a los ciudadanos que se harán cargo del futuro?
Las respuestas pueden ser muy variadas y transformarse en interesantes hipótesis de investigación. Hace más de 20 años la Unesco planteaba que la educación del siglo XXI debía centrarse en el aprender a aprender, es decir, formar para desarrollar competencias que nos permitan ser, conocer, actuar y vivir juntos. Una referencia más cercana es la propuesta del Ministerio de Educación de la Nación, que plantea que la escuela aborde las habilidades para el futuro, un conjunto de seis capacidades que se ponen en juego tanto en el saber como en el saber hacer.
Estas pistas (y muchas otras evidencias) nos dejan ver que necesitamos una educación integral y dinámica, que vaya más allá de los conocimientos académicos tradicionalmente enseñados. Tenemos que priorizar espacios que formen estudiantes con capacidad de pensar críticamente sobre su realidad, que puedan comunicar aquello que ven y sienten, que empaticen y trabajen con otros, que se hagan preguntas sobre el mundo y a la vez ofrezcan soluciones a los problemas que los desafían, que sea capaces de construir su proyecto de vida y perseverar en el intento por lograrlo.
Necesitamos, especialmente, que todo esto signifique ponernos en acción y hacerlo con sentido de urgencia. Cuando intentamos responder a la pregunta de la escuela y el futuro, tenemos la responsabilidad de hacerlo con rapidez: es hoy y ahora, su trayecto escolar está ocurriendo en este momento. Por eso, aun si tuviéramos todas las certezas sobre el futuro, la mejor apuesta es aprender de manera constante y junto con los estudiantes, porque en educación no hay verdades absolutas, y eso implica un ida y vuelta permanente de reflexión y de acción.